lunes, 28 de mayo de 2012

Maldición de amor.


MALDICIÓN DE AMOR.

Predestinada a la soledad,
soy la oveja negra del cariño,
mi pack venía sin felicidad,
predestinada a quedar en el olvido.

Recuerdo sentir del afecto, la ingenuidad,
el amor y la amistad como un niño.
Recuerdo tus besos con intensidad,
tus brazos y manos, tan cerca mío.

Ahora solo soy viejos despojos de infelicidad,
perdiendo sin más el sentido.
¿Recuerdas, amor mi originalidad?
La perdí, se fue contigo.

Corre, amor, corre lejos;
corre y que no te alcance mi maldición,
que si a mi lado te quedas,
dolido por siempre estarás, de amor y pasión.
                                                      
     ORC.

domingo, 27 de mayo de 2012

Gracias.


Pensaba que no existía la diversión. Pensaba que ya solo quedaba el estrés. Hoy descubrí que todo cambia. Hoy descubrí que las pequeñas cosas pueden ser las mejores. Será que estoy positiva o que me pasaron buenas cosas en pocos días y por ello lo agradezco, no a Dios que no fue él quien me salvó de la amargura, sino a aquellas personas que hicieron posible esos buenos momentos. Y pensar que ser feliz costaba tan poco... una cena, unos poemas, algo de música y un poco de baile. Sacó de lo bueno, lo mejor y con ello me quedo para continuar con la rutina. Porque ahora, con fuerzas renovadas, soy una persona nueva, capaz de afrontar la última recta. Gracias.
 

sábado, 19 de mayo de 2012

Sobrevivir cuando ya estas muerto (VII)

Otro capitulo. Espero no defraudaros y que no os resulte muy aburrido a estas alturas ya que vamos descubriendo cositas poco a poco. Gracias por leerme. 



VII

Tenía 3 años y era mi cumpleaños. Mi padre sacaba la tarta. Solo estábamos los dos en casa. Bufé las velas deseando algo que me parecía imposible por aquel momento: que mi padre fuera feliz. Nada mas se apagó la débil llama, mi padre me abrazó y apretujándome contra su pecho no paraba de llorar y decir: No crezcas nunca, no me abandones tu también.
“¿Qué es ese sonido?... Me duele todo el cuerpo.”

  • ¡Princesa, tu comida! - A pesar de las bonitas palabras utilizadas la voz sonaba desganada y con repugnancia. - ¡¿Estás sorda o que te pasa?! ¡A comer!

Una chica de metro setenta y tres, ojos profundos y azules, y un rizado pelo castaño me tiró una bandeja con comida al suelo de mi celda. Me dio la sensación de que incluso le parecía graciosa mi situación. Se acercó a mi, que estaba tumbada en el suelo, y me cogió un mechón de pelo. Mientras jugaba con él mi miró a los ojos y dijo:

  • ¿Qué pasa, pordiosera? Vienes nueva y te crees superguay pero ahora te has dado cuenta que no todo son rosas. Cuidado a quien te acercas por aquí y... yo no enseñaría mucho ese tatuaje tuyo – con su mano aún en mi pelo, se levantó y lo estiró tirándome contra la pared.
  • ¡Giselle! ¿Qué te crees que estás haciendo? - era una voz conocida, daba miedo pero también transmitía seguridad.
  • Mila... - la tal Giselle se puso colorada y agacho la cabeza -. Perdona, solo quería ayudarla a levantarse y la cogí mal. No volverá a pasar.

Al acabar esta frase salió corriendo y Mila se acercó. Con cuidado me cogió de los hombros y miró mi cara. Luego me acercó la bandeja con comida.

  • Esme, no se lo tengas en cuenta – me dijo Mila algo preocupada -. Ella se ve amenazada, más después de saber que atacaste a su hermano para escapar. Además, tiene más motivos que ya te contará si quiere. Pero eso no la escusa, perdón. No estás aquí para que te maltraten, no te confundas... es un aislamiento de reflexión. En casi nada saldrás de aquí.

Mila se levantó y me dejo con una sonrisa. Por un momento creí que esa niña era bipolar pensando en el momento que volví a la base.

Después de haber comido y haber pasado varias horas sentada en el suelo de aquella mugrienta cárcel, vi una rata jugueteando con algo. Me acerqué. Era un colgante. Tenía curiosidad por cómo era y de saber a quién pertenecía. Esperé a ver si se marchaba la rata pero el tiempo transcurría muy lento sin tener nada que hacer. Así que simplemente la aplasté con mi bota. Se manchó todo el alrededor del cadáver, de entrañas y sangre. Incluso el collar estaba sucio. Por suerte no soy quisquillosa y lo cogí sin más. Lo observé detenidamente. La cadena era de plata y el colgante era redondo y era de estos que suelen guardar fotos en su interior. En la parte exterior ponía, en unas letras muy bonitas: Vanesa. Quise ver el interior del colgante pero algo me impedía abrirlo. Parece ser que el enganche se dobló al caer al suelo. Limpié el colgante frotándolo contra mi ropa.

Sentada y sin tener nada que hacer, me entretenía dando vueltas al colgante e imaginando la historia que llevaba con él. Mientras lo giraba vi que en una esquina de aquella habitación había un agujero por donde entraban aquellas detestables ratas. Igual habían entrado el collar desde fuera. Me acerqué para investigar que se veía fuera. Agachada a cuatro patas, puse mi cabeza a ala altura del orificio y no vi nada, nada de nada, solamente la oscuridad del exterior.

  • Esme, ¿qué haces así? - Ángel me habló pero noté cierto rubor en su cara, supuse que por la posición que tenía en aquel momento.
  • Esto... estaba mirando que se veía por esta obertura en la pared.

Me levanté y me puse al lado de la verja para estar más cerca de él. Su cara me sacaba una sonrisa tonta que no podía controlar.

  • ¿Qué tal por aquí? Me ha dicho Mila que has tenido un problema con Giselle – cuando decía esto, tocaba un barrote de la celda, dando la sensación que quisiera tocarme.
  • Estoy bien. Algo más importante... ¿Hay alguna Vanesa en la base? Es que me he encontrado un collar con ese nombre y tengo curiosidad.
  • No lo se – su cara de incertidumbre me lo decía todo -. Hay mucha gente aquí. Si deseas saberlo, investigaré. Dame el collar.
  • Gracias. Necesito que seas lo más discreto posible también. Tengo un presentimiento.

Le pasé el collar entre los barrotes. Entonces pasé mi pequeña mano entre los barrotes y cogí su mano que estaba cerca ya que había cogido el collar.

  • ¿Pasa algo, Esme? - me miraba preocupado y tierno a la vez.
  • No... - no sabía como decirle que simplemente necesitaba un poco de contacto humano.

Le solté lentamente y ,entonces, él me cogió la mano. Me miraba a los ojos y yo me veía reflejada en ellos.

  • ¡Ángel te toca el turno en el comedor! - sonó una voz robótica de su walkie talkie.
  • Lo siento, debo irme... - me miró por ultima vez y mientras se alejaba me dijo -. Descubriré lo que quieres saber.

Se fue.

domingo, 13 de mayo de 2012

¿Qué pasa si...?


¿QUÉ PASA SI...? 



¿Qué pasa si me tocas, deseosa de tu boca?
¿Qué pasa si descorchas, mis sonrisas con tus rosas?
Me escondo entre tus brazos, buscando una salvación,
¿qué pasa si no puedo, controlar esta pasión?

Te recuerdo, gélido y ardiente en mi interior,
estratega de amor ferviente, de agrio y dulce sabor.
¿Qué pasa si no controlo, mis manos a tu tacto?
¿Qué pasa si te poseo, en este momento exacto?

Diría que estoy volando, pero eso es imposible,
es el contacto de tu cuerpo, el que me hace sentir libre.
¿Qué pasa si de lujuria, me desbordo y me sonrojo?
Me das tu mejor sonrisa y volvemos al antojo.

ORC.

domingo, 6 de mayo de 2012