Mostrando entradas con la etiqueta sobrevivir cuando ya estas muerto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sobrevivir cuando ya estas muerto. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de mayo de 2013

Sobrevivir cuando ya estás muerto (XVIII)



XVIII


Abrí los ojos lentamente y ahí estaba él mirándome. Adam emocionado me contemplaba.

  • ¿Cómo estás Vanesa? - dijo sonriendo Leire – Te dije que tuvieras cuidado. Tendrás que estar aquí por unos días.

No respondí porque apenas podía hacerlo y me sumergí de nuevo en un sueño.


La dejé durmiendo en las manos de Leire. Sabía que la cuidaría mejor que nadie en esta base. Debía recuperar el cofre... ¿Dónde estaría? No me fiaba de Mila así que quería investigar en su despacho pero siempre me seguía su perro guardián. Pero enseguida se me ocurrió algo. Tenía que ir a ver a Iván. Algo me dijo que podría confiar en él. Lo usaría y luego fuera.

Llegué a la sala de armas de Iván y, aunque mi sospechoso seguidor no se veía porqué me seguía totalmente de incógnito, yo sabía que me podría librar de él. Pregunté si había alguien pero no me contestaba nadie. Investigué la zona y me percaté de que estaba saliendo de una habitación hacia el taller donde yo me encontraba. Parecía que había estado probando algunas armas pues aún mantenía las orejeras y las gafas de protección que te dan en las salas de tiro. Antes de que se percatará de mi presencia me acerqué a él con paso firme y, cuando alzó la mirada... lo besé. Él estaba atónito pero yo sabía perfectamente lo que hacía. Lo metí de nuevo hacia la habitación de la que había salido y le quité las orejeras susurrándole: “Vayamos al baño”. Él no muy convencido al principio, pero mirándome de arriba a bajo después, asintió. Me cogió la mano y me llevó al baño y ahí yo cerré la puerta al entrar, puesto que iba el último.

  • Vaya , vaya... - dijo Iván en mi espalda antes de que me girara – no te conozco mucho pero no sabía que te gustarán los hombres.

Cuando me giré lo tenía cerquísima mio. No me hacia gracia hacer esas tonterías. ¡Yo que soy tan hombre! Pero lo primero es lo primero. Me sonrió y dijo: “Vanesa, ¿no?¿Qué ocurre? ¿Por qué te seguía ese mono de Mila?

  • Eres astuto. ¿Cómo viste a ese hombre?
  • No se me escapa nada que entre en mis dominios... nada.
  • Bueno... vayamos a lo importante – me acerqué más a él para susurrarle -. No me fio de que nos oiga desde fuera... Necesito tu ayuda. Creo que Mila tiene una caja que me pertenece y es muy importante. Vanesa y yo no somos como vosotros. Somos personas vivas.
  • ¡¿Qué?! - dijo sorprendido Iván – Eso es imposible. Me tomas el pelo. Es imposible estar muerto y no estarlo. Todos nosotros somos muertos... Aunque antes no teníamos ni forma humana.
  • Nos estamos entreteniendo Iván... Vayamos al grano. Estoy vigilado por un hombre que parece un gorila de discoteca así que tú buscarás mi caja y te lo explicaré todo bien para compensarte.
  • Me parece bien pero... - puso su mano en mi culo y yo le mire de forma amenazadora – Deberemos hacer como que somos amantes. Recuerda tu magnífica idea del beso.

Asentí, no había otro remedio, le expliqué como era mi caja y le di un empujón para salir por la puerta. Él hizo como si se recolocara la ropa mientras sonreía y yo salí rápidamente, vergonzoso y asqueado por haber besado a otro hombre. Entonces, decidí buscar a Ángel.

Tras recorrer la base durante una media hora lo encontré en el salón principal, sentado en una silla mirando hacia el infinito. Me quedé mirándolo y le hice un movimiento con la cabeza para que se levantara. De pie como estaba y acercándome a él le dije: “No te arrimes más a ella. Ella no es como tú. Además... me pertenece. ¿Qué conoces tú de ella? Nada. Yo lo sé todo. Así que fuera de mi vista. Ya has visto que empieza a recordarme y eso solo significa que acabara dejándote de lado. Ella sabe que me quiere”. Él no se inmuto tras mis palabras y solo miró al infinito como lo había hecho anteriormente. Quizás ha comprendido su papel en este juego de amores y la verdad que mejor ahora que cuando se tenga que despedir de Vanesa para siempre. Este no es nuestro lugar y aún nos queda mucho para que lo sea. Aún recuerdo aquel día en que esa dulce niña me miraba y decía que bajaríamos los dos juntos aquí. Ella aún me quería.

Llegué a mi habitación cogí mi Stechkin APS y me dispuse a limpiarla. Entonces recordé...

- Os voy a explicar a los nuevos de que trata esto – dijo aquel hombre con cara seria -. Me llamó Ernesto y soy el jefe de esta investigación, la llamada Hades y Perséfone. ¿Por qué se ha desarrollado este proyecto os preguntareis? Pues ante vuestras dudas haré una pequeña explicación aunque sé que sois grandes expertos y ya estaréis informados de algo – hizo una pausa cogiendo aire –. Hace unos años empezó a ocurrir una catástrofe mundial. Empezaron a morir miles de personas sin ninguna explicación aparente. Bueno... cierto es que muchos por accidente, pero muchos investigadores opinamos que no puede ser una mera coincidencia. Por ellos empezamos a observar las muertes y descubrimos un patrón. Primero murieron las personas de alrededor de los treinta años por todo el mundo. Después murieron niñas de cinco años... la edad que tenia mi hija entonces – dijo esto último en voz baja – y finalmente gente de todas las edades. Por tanto, algunos ofrecimos una idea al Estado para que lo comunicara a los diferentes laboratorios de todo el mundo y así acabar con el problema mundial. La idea fue que debíamos creer en un inframundo al cual deberíamos bajar para evitar las muertes masivas y que sea la edad y la condición física y no el capricho de alguien como Hades quien decida la suerte de nuestras vidas. Así que ya sabéis porque estáis aquí. Ahora pasaros por las diferentes salas de los laboratorios para que se os repartan las tareas.

Recuerdo que estaba perdido y fui con un compañero hacia la primera sala. Allí ante la crítica mirada de una mujer con gafas, el pelo recogido en un moño mal hecho y con cara de bruja, esperé mi tarea. La mujer me dijo que me tocaba en la sala de las capsulas hacia el inframundo. Y hacia allí fui. 

lunes, 29 de abril de 2013

Sobrevivir cuando ya estás muerto (XVII)



XVII


  • ¡Adam! ¡Adam! - chilló aquella niñita, jefa de esta base en este mundo infernal - ¡Despierta, hombre!

Adam se levantó sin muchas ganas pero enseguida pregunto: “¿Cómo está Vanesa?”
Mila sonrió y lo miró impacientándolo más.

  • Está bien. Demasiado bien diría yo... Ha desaparecido de la enfermería. Pero yo no venia a hablarte de eso. Eres libre, con una condición... tendrás la supervisión de un amigo mio.
  • Está bien... - dijo saliendo corriendo de aquella prisión.

Adam solo tenia algo en la mente: Vanesa.


En la habitación de Ángel...

Los susurros de Ángel resonaban con mi nombre en mi cuello mientras lo besaba con pasión. Llevábamos algún rato unidos por su enorme miembro sexual pero, aún así, cada embestida me sorprendía más que la anterior y sentía que todo dentro de mi se estremecía. Sus manos aferraban mi cintura a la suya con una fuerza que no era normal. Mis manos estiraban de su rubio pelo al ritmo que él masajeaba mis pechos. Recuerdo sentirme extraída de todo, volviendo a sentir que no sabia nada ni conocía a nadie. Pero salí de mi fantasía cuando Ángel se apartó de repente. Había sangre en mi estomago y él se apresuro a ponerse una camiseta.

La puerta se abrió de par en para, en la tenue luz se distinguía una silueta que conocía muy bien... demasiado bien decía mi cuerpo.

  • ¡Maldito hijo de perra! ¡Aparta tus manos de ella o te vuelo los sesos! ¿Qué le has hecho? - dijo sin soltar su arma mientras se acercaba a mi.

Ángel no contestó. Se acercó a mi para cogerme en brazos y llevarme de nuevo a la enfermería. Adam se puso nervioso e iba a disparar pero sin controlar la dirección. De repente apareció Ivan y cogió el arma de Adam e hizo que apuntara hacia el suelo.

  • Señores, ya esta bien de tonterías. ¡A la enfermería! ¡Rápido!

Ángel no tardo ni un segundo en llegar delante de Leire, que me miraba preocupadísima. Me metió en una sala llena de médicos y perdí la conciencia completamente.

  • Tu padre me matara... Volvamos – dijo Adam en aquel restaurante cutre al lado del mar.
  • Te dije que yo ponía las normas si salíamos a cenar, ¿no? - miré hacia el mar –. Paseemos mejor.

El mar estaba precioso y la luna... la luna hermosamente llena. El sonido del mar se metía en mis tímpanos y volvía loca a mi cabeza. Corrí un poco y me giré a mirarlo.

  • ¿Conoces la historia de Hades y Perséfone? - dije mirándole a los ojos.
  • Sí, ¿lo dices por el proyecto de tu padre “Hades y Perséfone”?
  • Sí … Pero ese proyecto no es factible, no se puede viajar al inframundo, ¿tu que crees?
  • Yo no sé nada. Pero si se puede... nosotros lo conseguiremos – acarició mi mejilla.
  • Yo no seré como Perséfone... yo no me dejaré engañar.

Me quité las sandalias y metí los pies al mar.

  • Bajo la luz de la luna pareces una diosa. Hermosa como Afrodita e inteligente como Atenea – dijo mientras se metía conmigo.
  • No sabía que te gustaba la mitología... - cogí su mano.

Empezó a cantar dulce y alto una melodía que siempre había dirigido a su amor, el mar, y que hoy me la dedicaba a mi bajo esas estrellas:

Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.

Al acabar su canción se besé los labios y corrí fuera del agua.

  • Se acabo el tiempo Adam, -dije sonrojada – pero quiero salir contigo otra vez. Y te recogeré yo.
  • Vanesa, ven que te llevo a casa.
  • Prefiero pasear hasta casa. Gracias por todo.

Empecé a tararear aquella cancioncilla de mi pasado y alguien me cogió la mano... “¡Vanesa, Vanesa!” Después de decir mi nombre empezó a cantar esa canción de mis recuerdos y abrí los ojos.
“Siempre me despiertas así Adam”.Vi que no estaba Adam solo sino estaban también Ángel y Leire.

  • ¿Lo recuerdas Vanesa? Me recuerdas por fin, ¿no? - dijo Adam mientras me abrazaba.

Ángel se marchó.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sobrevivir cuando ya estás muerto (XVI)


XVI


Desperté entre escalofríos y olor a tabaco. Me levanté y miré fuera de mi habitación. Allí estaba Leire trabajando en unos papeles de enfermería mientras se fumaba un cigarrillo. Parecía cansada. A pesar de haber varias enfermeras en la base, parecía que la habían dejado sola. Iba a acercarme pero apareció alguien. Era Marco. Este se acercó a ella y dejo un café en la mesa. Luego se apoyó contra una pared y le dijo de forma inexpresiva: “Si quieres puedo ayudarte, tengo conocimientos de medicina”. Ella sonrió y cogió el café de la mesa. Tomó un poco de café y al volverlo a mirar dijo casi entre dientes : “Gracias”.

Miré mi reloj y decidí volver a la cama. Eran las cinco de la mañana.

Era pequeña, muy pequeña, cuando mi madre conoció a un hombre muy atractivo en un campo de rosas negras. Ella le sonrió amablemente y él le ofreció una cajita pequeña decorada con los dibujos de un perro de tres cabezas. Hablaron un rato y luego se despidieron. Más tarde volvió a casa como siempre.

En casa, mi madre abrió la caja, encontrando en ella unos pequeños bombones y una nota que decía:
Preso de amor quedé en un rosal,
y cautivo quedé de un amor infernal.”

Mi madre cogió lentamente el bombón y saboreándolo, dejó caer la nota y la caja en el suelo. Noté un pinchazo en mi nuca y mi madre cayó en la cama. Intenté despertarla una y mil veces. “¡Mamá!¡Mamá!”


  • ¡Mamá! - chillé abriendo los ojos de golpe.
  • ¡¿Estás bien, Esme?! - dijo Leire que acababa de aparecer con cara de preocupación.
  • Sí, si... solo ha sido una pesadilla.

Empezaba a recordar, a recordarlo todo poco a poco. Empecé a atar cabos de lo que me estaba ocurriendo aunque aun me faltara mucho por descubrir. Absorta en mis pensamientos me alcé de la cama y le dije a Leire: “Me prometiste que hoy podría ver a unas personas.” Ella simplemente asintió con la cabeza y cogiéndome por un brazo salimos de la enfermería.
Íbamos por el pasillo y yo intentaba soltarme del brazo de Leire. Escuché que alguien discutía en uno de los pasillos cercanos, así que seguí las voces para descubrir quiénes eran.

  • Estoy harta de esta falsedad. Ángel, ¡no huyas! - dijo Giselle cogiéndole del brazo – Siempre igual... ¿Cómo se te ocurre besar a la nueva mientras estás saliendo conmigo?
  • Eso no es cierto. Desde el día en que la vi te dije que quería acabar con la relación. Ella... ella es especial.
  • Entonces, ¿eso significa que nunca me has querido?¿Que me has utilizado? - dijo con la voz temblorosa – Tu no sabes lo que va diciendo la gente por ahí. Hace tiempo que dicen que soy tonta... y yo no quería creer que tu fueras capaz de hacerme daño. Ya me aviso Mila. Ya me dijo que tendría que hablar contigo.
  • No hables así. Pensé que lo nuestro era amor pero ahora veo que no. No lo hice queriendo.

Se escuchó un ruido al fondo del pasillo.

  • Esto no va a quedar así. Nosotros continuamos en una relación y más te vale que no me entere que vuelves a ir detrás de esa maldita perra que hirió a mi hermano.

Algo se volcó en mi corazón. ¿Por qué me dolió tanto escuchar que estaban juntos?

  • Vayámonos de aquí – dije a Leire en bajo, mientras me giraba y chillaba para que me escuchará Giselle, a pesar de la distancia que nos separaba - ¡Giselle! Yo no pienso acercarme a ese acosador. ¡Todo tuyo!

Me pareció que me había temblado la voz al decir las últimas palabras pero ahora ya estaba todo dicho. Intenté correr un poco mientras escuchaba a Ángel por detrás : “¡Esme ven aquí! ¡Esme!”
Le ignoré y, soltándome de Leire, intenté despistarles yendo por un atajo que conducía hacia el taller. Pero lo que no había pensado es que yo tenía una herida en el estomago y otra en el hombro y esto me volvía muy débil. De hecho, se suponía que no debería ni poder correr. Así, al poco rato me caí. De repente, apareció Ángel que había conseguido venir a por mi prometiéndole a Leire que no me alteraría. Intenté levantarme pero él me cogió dulcemente entre sus abrazos y me abrazo casi asfixiándome. No pude articular ninguna palabra. Nada. Silencio y más silencio que el consideró que era una aceptación de su abrazo.

Pasamos unos 5 segundos así, sin decir nada, y luego me cogió como si fuera una princesita, como cuando el novio coge a su nueva mujer para entrar en casa. De repente, me dí cuenta de la empalagosa escena que habíamos organizado en poco tiempo y que si yo hubiera estado en plenas facultades me habría dado arcadas.

Llegamos a su habitación y me tumbó en su cama. Él se sentó en una silla cerca de mi. Suspiró y buscó mis ojos. Yo giré la cara.

  • Escuchame por favor... - dijo con una voz un tanto apagada – Es verdad que estaba saliendo con Giselle pero desde el momento que te vi sentí algo. Era como si ya te conociera como si supiera que ibas a venir. Pero ahí no acabó la cosa... cuando vi tus ojos, lo vi todo claro. Sabía que eras tu, que tu eras la persona que quería a mi lado. ¿Acaso tu no sientes que el corazón se te acelera cuando nos vemos? ¿Acaso no tienes escalofríos? No sé tu que sentirás pero yo no puedo aguantar esta angustia dentro de mi. Estoy muerto en vida y nunca mejor dicho – dijo en una pequeña risita mientras cogía mi mano y la ponía en su pecho.

¡Ay Dios! Sentí como si me hubieran dado un calambre al tocar su piel y me reí a escondidas intentando disimular la rojez de mi cara. Era cierto que su corazón latía tan fuerte como una locomotora.

  • ¡¿Qué-qué-qué haces?! - dije mientras me temblaba la voz.

Sentía que él me atraía y que me pasaba todo lo que él había dicho: escalofríos, el corazón acelerado... Él me miro seguro de si mismo y yo apartaba la mirada como la niña que se avergüenza al hablar con desconocidos. Él se fue acercando a mi lentamente. Una de sus manos empezó a acariciarme el pelo y poco a poco bajó hasta mi mentón, sujetándolo un poco hacia arriba. Me miró sonrió y me beso. No fue como la primera vez que lo hizo. Esta vez fue muy tierno, muy cálido. Desde que estaba aquí y perdí la memoria, no sabía como se sentía el beso o lo que se debía hacer en ese momento y lo mismo me pasaba con el tema de las relaciones sexuales. Era una ignorante total en ese sentido. Sin embargo, no parecía ser muy difícil, mi propio cuerpo me guiaba y yo sentía que me gustaba y que quería estar así con él para siempre.

De repente, una de sus manos bajo hasta mi cintura y se introdujo por dentro de mi ancha camiseta. Paró un segundo para acomodarse mejor y estando completamente encima de mi, pero sin dejar caer su peso, continuó con su inspección por debajo de mi camiseta. Llegó hasta mi pecho y yo me alteré un poco. ¿Cómo debía reaccionar ante eso?

domingo, 16 de septiembre de 2012

Sobrevivir cuando ya estás muerto (XV)


XV

Iba por el campo recogiendo flores. Me encantaba ir con mi madre a esas excursiones.

  • ¡Vanesa! ¡Vanesa! - escuché gritar a mi madre desde la piedra donde se encontraba.
  • ¿Mamá? - dije con mi infantil voz mientras me acercaba.

Había alguien cogiendo a mi madre del brazo y, al momento, desaparecieron, quedándome yo sola en medio de aquel campo.

Recuerdo que abrí los ojos y una luz me cegó por completo. ¿Estaba muerta? Daba igual. Entonces me di cuenta de que podía mover las manos y los pies... Estaba tumbada y me levanté apoyándome con las manos en la cama. Me levanté rápido, demasiado rápido, pues noté mi estomago retorcerse de dolor y sentí como mi hombro izquierdo perdía la fuerza y volvía a caer en la cama hacia ese lado. Tumbada de nuevo, hice un leve sonido de dolor. Alguien abrió la cortina que separaba mi cama del resto de la habitación. Era una chica vestida de enfermera. La chica era bajita. Tenia el pelo castaño recogido en una especie de moño, labios carnosos, la nariz respingona y, sobre esta última, unos pequeños ojos que apenas se veían con sus gafas.

  • Desde luego... - dio un pequeño suspiro antes de proseguir – siempre que apareces por aquí tienes que hacer mucho ruido.

Cerró la cortina y entró acercándose hacia mi. Yo la miraba callada y vi como empezaba a quitarme el camisón que llevaba. A pesar de que seguramente me había visto sin ropa, me dio vergüenza que me viera sin el camisón. Empezó a quitarme vendas y a examinar mis vendas mientras hablaba conmigo para hacer más ameno el dolor y la situación.

  • Me llamo Leire, ¿tu eres Esme, no?
  • Si – dije débilmente.
  • Has tenido suerte, – rió un poco – te trajo un chico muy guapo que por suerte había intentado pararte la hemorragia bastante bien.
  • Después de curarme, ¿podré irme?
  • Tranquila, tranquila... - me pegó unos golpecitos en el hombro malo sin darse cuenta – Perdóname por los golpes. Aún debes estar unos días más. No sé que pasó pero la herida fue bastante grave.

Miré a otro lado mientras me acababa de curar. Sus manos eran delicadas y profesionales a la vez. Estaba todo en silencio y ella decidió romperlo.

  • Se rumorea que varios chicos se están matando por ti. ¿Con quién te quedarás? - dijo sin ninguna mala intención, simplemente por sacar conversación.
  • No es de tu incumbencia.

Acabó en silencio su trabajo y antes de salir, me miró a los ojos diciéndome: “Si necesitas algo solo llámame”.

Al irse Leire, me sentía muy cansada. Me toqué las heridas poco a poco recordando cada momento de la lucha. Así que inundándome en los recuerdos me llegó un gran sopor.


Mientras en otro lugar de la base...

Mila caminaba tranquila hacia la prisión. Silbaba tarareando una cancioncilla alegre. Llegó al centro de aquella habitación rodeada de barrotes. Ambos, Ángel y Adam, estaban tirados en el suelo intentando dormir un poco pues ya habían decidido que lo mejor seria ignorarse mientras estaban en aquellas mugrientas celdas. Mila se acercó a la puerta de Ángel y le dijo:

  • Ángel levántate, te toca hacer el turno de vigilancia del comedor.

Ángel se levantó en silencio y, de la misma forma, salió de la sala para ir a hacer sus deberes. Entonces, Mila se acercó a Adam.

  • No voy a salir, ¿verdad? - se adelantó a decir él cuando vio la pequeña sonrisa que se le escapaba a Mila..
  • Eres un chico inteligente...¿Qué sabes de este mundo? ¿Quiénes sois Vanesa y tu? - dijo muy seria.
  • Somos dos personas como tu o como cualquiera de los de aquí. Por lo tanto, sé tanto como tu de este maldito mundo – cogió un barrote con fuerza -. ¿Cómo está Vanesa?
  • Está en enfermería pero no es nada grave aunque … podría serlo. ¿Por qué no eres un poco más sincero conmigo? - dijo mirándole con sus dulces ojos de niña.
  • ¿Qué le ha pasado? - visto que ella no contestaba, continuó – No se nada, nada...
  • Te dejaré tiempo para que pienses lo que me tienes que decir - dijo mientras se iba por la puerta.



Cinco días después, en la enfermería...

Desperté por el terrible dolor proveniente de mi herida en el estomago. Abrí los ojos y estaba empapada en sudor.

  • ¿Quieres que llamé a la enfermera? Tienes mala cara.

Abrí bien los ojos y vi que se trataba de Marco. Intenté sonreír un poco mientras le daba un débil gracias.

  • No me des las gracias tan rápido. Sé quien eres – se acercó a mi oreja – y sé que puedes sacarme de aquí. Me debes una, recuérdalo.
  • Desgraciadamente, no recuerdo nada – dije mientras me miraba expectante – Pero haré todo lo posible para conseguirlo. No me gusta deber nada.
  • Bien. En cuanto a lo de tu herida... te encontré volviendo a la base. Además, supongo que te preguntaran por el chico que te acompañaba. Simplemente diles que fue asesinado por el que te atacó. Adiós – dijo mientras se iba.

Cuando se fue Marco, miré a mi alrededor. A mi derecha había una mesita con agua, un vaso y unas pastillas con un papelito en el que ponía: “Calmantes”. Supuse que las habría dejado Leire. Decidí tomarlas. Al rato, no me sentía mejor pero tenia la necesidad de levantarme de esa cama. Probé a incorporarme y fue mejor que la primera vez que lo hice. Mi hombro estaba mejor pero mi estomago aun se sentía como si lo quemaran por dentro. Apoye mis pies en el suelo notando el frío que de él provenía. Poco a poco me levanté y di unos pasos con mucho cuidado. Volver a caminar era como seguir adelante tras una adversidad, no te quita el dolor pero aprendes a convivir con él. Tras varios intentos de caminar por mi pequeña “habitación” (mi cama estaba separada de la otra por unas simples cortinas), decidí salir. Y cuando crees que ya lo tienes todo hecho, queda algo por arreglar.

  • ¡Esme! ¿Dónde te crees que vas?

Ahí estaba ella, Leire, tan trabajadora como siempre. Vino hacia mi con un torbellino y yo tenia la certeza de que me regañaría. Entonces, me erguí rápidamente, aparentando estar en plenas condiciones.

  • Iba a visitar a unos amigos. Es urgente.
  • Nada de eso – tocó mi estomago y yo resoplé -, lo único verdaderamente urgente aquí es tu salud. Vuelve a la cama.
  • Quiero ver a unas personas, luego volveré aquí. Luego... haré todo lo que me pidas.
  • Esme... - dijo subiéndose las gafas con su dedo índice – has estado durmiendo durante cinco días. No te precipites. Descansa un día más. Solo uno más y yo misma te ayudaré a ir donde quieras. Hoy estoy muy ocupada.
  • Gracias.

No estaba muy convencida. No me gustaba que las cosas no salieran como yo quería pero no iba a ganar nada discutiendo así que volví sin más a mi cama. Quería verlos... quería ver a Adam y a Ángel. Tal vez me habían venido a ver y yo estaba inconsciente o, a lo mejor, aun no habían salido de la prisión.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Sobrevivir cuando ya estás muerto (XIV)

Volvemos al trabajo :) 

Espero que os guste este nuevo capítulo. 
Música de fondo para meternos en ambiente : música de fondo :)



XIV


Me seguían a unos 10 metros, eran esos malditos cancerberos que siempre me acechaban. Estaba sola porque Ronald y yo habíamos decidido separarnos y quedar en la casa de Adam más tarde. Disparaba hacia atrás sin apenas mirarlos. Oí un silbido y una voz femenina que chillaba: “¡Parad!” Sentí que aquella voz me era familiar pero no paré porque esas malditas bestias tampoco lo hacían. Cogí algunas bombas de humo, rezando para que funcionaran, y se las lancé. Noté su desorientación y aproveche para situarme en un lugar aventajado donde poder matarlos. Cogí en una mano mi Heckler & Koch USP Tactical, una pistola, que a pesar de ser barata es muy eficaz y sirve incluso para distancias largas. Esto me iba a ir muy bien desde la posición donde me encontraba. Estaba a bastantes metros de distancia, entre dos coches. Cuando se disipó un poco el humo y vi sus figuras borrosas, empecé a disparar. Parecía que habían descubierto mi posición pero eran solo dos, y uno, ya estaba casi muerto, así que lo demás seria fácil. Se acercaron hacia mi y decidí que sería hora de probar la nueva potencia de mi Llama XI-B. Apreté el gatillo con todas mis fuerzas y vi como se hacia un agujero gigante que destrozó las tres cabezas del más malherido. Lo que quedaba del cuerpo de aquel monstruo cayó al suelo sin moverse. El otro continuó acercándose y, cuando me di cuenta, lo tenía pegado a los talones. Corrí hacia un edificio que tenía cerca. Corrí con todas mis fuerzas, cogiendo todo el impulso que fueran capaz de darme mis musculosas piernas. Estaba llegando a la altura de la pared pero sabía muy bien lo que iba a hacer. Escuché el chillido de espanto de la mujer pero lo ignoré. Puse los pies en la pared como si caminara por ella, venciendo cualquier tipo de gravedad, y salté hacia atrás, sobrevolando al cancerbero mientras le disparaba con mi arma. Acabó pareciéndose a un queso emmental, todo lleno de agujeros. Cuando me repuse de aquel salto miré a aquella mujer con todo mi odio en la mirada. La señalé con mi pistola y ella dejo caer su paraguas rojo...

  • Tenemos poco tiempo antes de que estos bichos se regeneren. ¡Habla! ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi? - me pareció que lo dije demasiado fría al ver su cara asustada.
  • ¿No me reconoces...? - dijo recogiendo su paraguas del suelo – ¿Tanto he cambiado...? ¿Tanto me desprecias para hablarme así?
  • Yo... - la miré fijamente y, al ver sus ojos verdes resplandecer, no me salían las palabras – yo... no recuerdo nada de mi vida terrenal, si es eso lo que quieres saber. Yo no se nada.
  • Mirame y reconoceme. Eres sangre de mi sangre – dijo mientras se aproximaba a mi -. Eres... mi niña – dijo, por fin, abrazándome.

Dejé mis brazos muertos entre su dulce abrazo. No quería reconocer que era ella. No quería que lo fuera. Mi madre me abandonó, no había muerto. Ella era de la peor calaña, nos había abandonado a mi padre y a mi, por eso no podía estar muerta. La mujer era joven... tendría unos 25 años. Por lo tanto, había muerto a esa edad. ¿Qué le ocurrió? Quería preguntarle mil cosas pero no salían palabras de mi boca.

  • ¿No has muerto, verdad? ¿Qué haces aquí tan joven? - la mire con la boca abierta sin poder pronunciar ni una palabra mientras me abrazaba y me decía - ¡Huye!
  • ¿Qué? - dije aún atónita.
  • ¡Huye! Vuelven, están volviendo.

Miré detrás de mi y vi minitrocitos de carne volando alrededor del cuerpo del monstruo, como si fueran una plaga de bichos creando una gran nube negra. No me detuve a pensar en nada, ni en nadie. Corrí alejándome de aquel lugar, dejando atrás a mi madre...

Llegué a la calle de la casa de Adam. Vi que delante de su puerta había una silueta pero yo no estaba asustada, simplemente fui decidida hacia allí. Como supuse, era Ronald.

  • No te ha costado mucho encontrarlo – dije mirándolo - ¿ Te han herido los cancerberos?
  • Eran un simple juego de niños. Entremos – dijo con su robótica voz.

Entramos. Allí todo continuaba igual pero pude ver que las sábanas tenían mucha más sangre que la última vez que estuve. Seguramente, Adam estuvo tumbado en aquella cama intentando curarse él solo. Debería haberle ayudado pero ahora ya era tarde. Empecé a buscar por la estancia cualquier cosa que me diera una pista de quién le había robado el cofre a mi prometido... que mal me sonaba esa palabra.

Salí un momento de esa habitación llegando a una especie de baño donde solo había vendas ensangrentadas, una navaja y algunos medicamentos. Era un baño pequeño, con las baldosas medio rotas y con algunas cucarachas correteando arriba y abajo. Mis pasos sonaban lejanos en aquel suelo y caminé por él unos segundos, reflexionando. Escuché un ruido más lejano que mis pasos, proveniente de la habitación donde estaba antes. Había sonado como un pequeño golpe. Pensé que algo había pasado y decidí acercarme cautelosamente, sin llamar la atención. Abrí el grifo dejando caer el agua lentamente, disimulando así mis pequeños y delicados pasos. Me puse contra la pared, en el suelo, y utilizando mi daga como espejo, pude ver el interior de la habitación. Ronald estaba sentado en la cama mirando algo entre sus piernas. Parecía inquieto a pesar de su inquebrantable fachada. Cuando miró hacia atrás buscando algún indicio de que podía estar volviendo, pude ver que se trataba del ordenador que había estado utilizando Adam anteriormente. Era sospechoso. Él se volvió a girar intentando manejar el ordenador. Me levanté rápidamente y me preparé para abalanzarme hacia él. Estaba casi segura de que también fue él quien robo el cofre. No lo digo por decir, simplemente me pareció muy extraño que si el ordenador estaba guardado cuando habíamos llegado, él hubiera descubierto dónde estaba, y es que Adam era muy cuidadoso con sus cosas, o eso me decía mi interior.

Salté sobre su espalda con la daga, que me había servido de espejo, en la mano. Él se giró agarrándome por la muñeca y evitando que le clavará el arma en el pecho. Ambos forcejábamos haciendo que la cama se moviera hacia todas direcciones.

  • ¿Qué haces bastardo? - dije entre dientes.
  • No es asunto tuyo – dijo tranquilamente.

No parecía que le costará esfuerzo aguantarme pero sé que era todo fachada. A pesar de ser mujer y se supone que somos inferiores físicamente, yo no lo veo así, tenía la misma fuerza que él. Con la mano que no era retenida por la suya me acerqué a mi tobillo donde tenía un cuchillo que había cogido en la base días antes. Conseguí cogerlo y dirigirlo hacia su estomago pero, como había hecho la anterior vez, me retuvo la mano. Intentó girarme el arma de tal manera que quedara la cuchilla mirando hacia mi. Había un botón extraño en el arma que él no sabia y que podría ser una gran ayuda para mi. Lo apreté y de la parte trasera del cuchillo salió una bala tan rápida que corto el aire. La bala atravesó su estomago con facilidad y vi como empezaba a manar sangre de la perforación. Al quedar tranquila de verle indefenso, bajé la guardia y me clavó el cuchillo con el que le había disparado. Noté como mi hombro se iba hacia atrás y sin quererlo caí de la cama. Al caer solté la daga de la otra mano que rodó por la estancia. Él se levantó más rápido de lo que lo hice yo y cogió mi daga del suelo. También sacó una pistola con la cual me apunto mientras se acercaba.

  • No deben quedar testigos. No deben quedar testigos – repetía como si fuera un loco, con los ojos bien abiertos.

Sabía que eran mis últimas horas. Si sacaba alguna arma me dispararía, si no la sacaba también.
¿Dónde irían los muertos del inframundo? ¿Qué me esperaba al otro lado? No lo sabía pero no tenía miedo. El chorro de la sangre caía por mi brazo y yo lo notaba tan cálido. No escuchaba nada, solo veía aquella escena macabra. Él, perdido en su locura, acercándose lentamente disfrutando del resultado de sus armas en mi cuerpo, de la bala que saldría para incrustarse en mi corazón para que dejara de latir. Solo escuche algo más... “Es tu fin” Apretó el gatillo y me dio en el estomago. ¿Había fallado o quería hacerme sufrir? Miré hacia arriba y descubrí que faltaba la cabeza sobre sus hombros. El cuerpo se desplomó haciendo el mismo ruido que cuando tiras un saco de boxeo en el suelo. Miré allí donde había estado el cuerpo antes de derrumbarse y vi, entre magnificas luces, la silueta de alguien conocido, sosteniendo en su mano la cabeza de Ronald.

  • Recibí tu nota. Estamos más que en paz, Esme. Ahora, tu eres quien me debe un favor – dijo Marco mientras me cogía en brazos.

domingo, 5 de agosto de 2012

Sobrevivir cuando ya estás muerto (¿personajes?)

¡Hola a tod@s!


Hoy es  una entrada un poco especial ya que os pido un pequeño favor. Como autora de esta historia que gracias a vosotr@s estoy escribiendo, me gustaría saber, por una parte, qué personaje masculino os gusta más y, por la otra, el femenino (aunque tengo en cuenta que la única que se describe un poco más es la protagonista pero tener en cuenta que está Giselle, Mila,...) 
- Gracias por vuestra colaboración- 


Por cierto la historia se toma unas vacaciones ^^ Empezamos de nuevo en septiembre, espero que lo esperéis con ansia. 




Recopilación de capítulos: 


I    II    III    IV    V   VI    VII   VIII   IX   X
XI  XII  XIII


domingo, 29 de julio de 2012

Sobrevivir cuando ya estas muerto (XIII)


XIII

  • ¡Chicos! - dijo una voz de hombre -. Tenéis visita. Arreglaros que es una señorita.

De nuevo estaba en aquella prisión, aunque esta vez yo era la que estaba fuera de los barrotes. Adam estaba en la celda de la derecha, sentado y con la cabeza aguantada por los brazos, mirando hacia el suelo. Ángel, por su parte, estaba en la de la izquierda haciendo trabajos de rehabilitación con su pierna. Cuando entré y llegué al centro de la estancia pude apreciar lo heridos que estaban los dos. Ambos me miraron. Adam se acercó muy serio hacia los barrotes y me dijo que me acercara que necesitaba decirme algo importante.

  • Cuando viniste a la casa donde yo estaba viviendo... ¿fuiste con alguien más que te esperó fuera?
  • ¡No! ¿Por qué tendría que haber ido con alguien?
  • No chilles – dijo como si tuviera dolor de cabeza -. Y...¿te llevaste algo de mi casa?
  • Bueno... me dijiste que podía coger munición y armas, ¿no?
  • Sí, no lo decía por eso – dijo apretando la mandíbula -. Me ha desaparecido un cofre muy importante para nuestra misión y estoy convencido de que alguien te siguió. Del que más sospecho es del rubiales ese que te sigue a todos lados, Vanesa. Ten cuidado, puede que tenga compañeros y que quieran que no cumplamos la misión.
  • No hables así de él – dije mientras me giraba para mirar a Ángel -. Lo buscaré. Buscaré el cofre. ¿Tiene algo para que lo pueda diferenciar?
  • Busca en el lateral derecho: A > V Te quiero.
  • Vale – acaricié su cara -. Volveré pronto.

Me separé de su celda y me despedí, tanto de Adam como de Ángel. Salí al pasillo con mirada decidida, sabía lo que debía hacer. Para descubrir el culpable hay que volver a la escena del crimen.

Antes de ir allí, fui a hablar con Mila para explicarle que quería ir a la casa de Ángel a buscar una cosa que se me había caído. Mila aceptó con la condición de que fuera con un “guardaespaldas” llamado Ronald por si me encontraba con los perros o con algo peligroso. Yo no le puse inconvenientes aunque le dije que debía pasar por el taller antes, que nos encontraríamos en dos horas en la salida de la base.

Estaba delante del taller y golpeé dos veces la puerta, no quería interrumpir nada. Cuando entré, al escuchar la voz del chico que supuestamente se llamaba Iván, él estaba sentado en una silla, sin camiseta, con un cigarrillo encendido en la boca e intentando acabar de arreglar mi Glock.
  • Entra y siéntate. Estás en tu casa.

Me senté. Lo veía trabajar y me encantaba. Vi como hacía renacer mi pequeña pistola entre sus manos. A los cinco minutos de estar allí, se abrió una puerta que había al fondo del taller y que seguramente era la habitación del chico. De allí salió una chica pequeña, con gafas y vestida con una camisa de hombre que le sentaba muy bien.

  • Iván, tengo que irme – dijo avergonzada al verme -. Te cojo prestada la camisa que mi ropa esta hecha añicos.
  • Muy bien, muy bien – dijo sin ni siquiera mirarla, centrándose únicamente en el arma.

Vi salir a la chica corriendo con pequeños pasos. Volví a mirarla y sin quererlo me reí.

  • ¿Tú no descansas, eh? - dije riendo.
  • No me hace falta descansar, – me guiñó el ojo y continuo con su trabajo – si quieres te lo demuestro luego.
  • No, no... Tengo cosas que hacer.
  • Ya sabes que siempre estoy aquí, así que pasate cuando quieras – dijo muy serio e hizo una pausa -. Pasame ese destornillador.

Se lo pasé y le pedí un papel y un bolígrafo que me dio enseguida. Mientras escribía, Iván dijo:

  • He acabado princesa. ¿Jugamos?
  • Un segundo, espera un segundo – dije mientras acababa de escribir y luego le miré -. Tienes que hacerme un favor.
  • Dime, soy todo oídos.
  • ¿Puedo probar las armas en algún lugar? - dije sonriendo.
  • Sí, claro. Eso te iba a decir. Sígueme.

Cogí el papel y le seguí. Entramos en su habitación. Su cama tenía unas cortinas que le caían alrededor, como si fuera el lecho de alguna princesa, supuse que fue el resultado de alguna fantasía femenina. Cerca de la cama pude ver trozos de tela rotos por todo el lugar. Pasamos esa habitación y llegamos a una sala de tiro. Entonces, empecé a preparar todas las armas y a prepararme yo para poder practicar.

  • ¿Ellas lo saben?
  • ¿Qué tienen que saber? - preguntó Iván poniéndose también la indumentaria adecuada.
  • Que estás con todas a la vez – dije recolocando mis gafas.
  • Yo no les he dicho nada pero supongo que a lo mejor lo habrán hablado entre ellas. Además, eso poco me importa.
  • ¿Y sus sentimientos? - dije y luego disparé una vez.
  • ¿Tienen de eso? - empezó a reírse – Ellas son peores que yo. Yo solo me divierto y ellas también.
  • Ya... - volví a disparar - ¿Has modificado la Llama XI-B?
  • Sí. ¿Lo has notado, eh? Tiene más velocidad y potencia, así que cuidala bien.

Disparé un buen rato y también comprobé mis dagas viendo si estaban suficientemente afiladas.

  • ¿Esto está insonorizado?
  • Sí, ¿por qué? ¿quieres jugar aquí? - puso sus manos en mis caderas.
  • No es eso. No se porque será pero me das confianza y quiero que me ayudes con algo – saqué el papel de antes de mi bolsillo y cogí su mano poniéndoselo dentro -. Dale esto a Marco, el chico nuevo. Es urgente que se lo des nada más yo salga de aquí.
  • ¿Por qué yo? - dijo extrañado.
  • Aún no lo se pero de ti dependerá mi vida y mi suerte. Además no puedo confiar en nadie de la base.
  • Está bien, te ayudaré.

Le abracé tan fuerte como pude. Al salir, le di otro abrazo y le dije al oído suavemente: “Esta vida no te conviene... te hará daño.” ¿Por qué se lo había dicho a él? Podría habérselo dicho a Mila pero había cosas que no me encajaban. Además, no conocía a muchos más en la base y los que conocía me odiaban por alguna razón, como Giselle.

Llegué a la salida de la base con todas mis armas en su sitio. Allí estaban Mila y Ronald. Le di las gracias a Mila e indiqué el camino que íbamos a seguir a Ronald. Así me alejé de la base con Ronald detrás de mi.

Estuvimos corriendo durante un rato y oímos aullidos no sé porqué pero eso pintaba mal, así que aceleramos el paso.


Mientras, en la base...

Mila volvió a su despacho y se dirigió a investigar el cofre. Vio la inscripción que había en su lateral y le pareció una cursileria. Abrió el cofre y dentro había un papel: “ Halcón a topo, mandanos tu informe. ¿Hablaste de un nuevo aliado? ¿Traspasasteis las puertas del palacio de Hades? Contesta.” Mila se rió y pensó que Adam y sus amigos habían visto demasiadas películas pero que si estaba en lo cierto, ese cofre se podía comunicar con el exterior. A Mila le pareció todo esto muy interesante y no tardó ni dos segundos en ponerse a escribir una nota para enviarla mediante el cofre. 



________________________________________________________________________

**Detalles de dibujo**  Espero que os guste.