Aún no sé hablar de algo serio.
Intenté escribir de la guerra,
de la crisis, de la atmósfera,
de todo aquello que me estorba.
Intenté escribir de lo inteligente,
pero entre palabra y palabra,
me salía mi lado indecente,
mi ser inconsciente, impertinente,
que habla de amor y lujuria,
que se esconde entre piel y ternura.
Miro escritos de seres perturbadores,
de mujeres vividoras y hombres borrachos,
de alguien tan vivo, tan muerto, como Sarco.
Y me identifico con todos los personajes,
putillas sin sangre, mendigos con descaro
y mentes tan abiertas como del oficio, los trajes.
Pero aún no sé hablar de algo serio.
No sé decir que mi gente se muere
buscando la supervivencia
de un falso imperio,
que fusilan palabras
de aquellos que difieren,
que sentencian la vida
de aquellos que hoy vienen.
Aún no sé hablar de aquello que preocupa,
de los niños robados, de la salud del ocupa,
de aquel hombre asqueroso
que te apuñala desnuda.
Mas riqueza y pobreza luchan en ignorancia,
pobres que quieren estudios,
ricos que compran estancias.
Unos no comen y luchan,
otros no luchan y comen,
y otros, ni lo uno, ni lo otro,
pues viven en una falacia.
Pero aún no sé hablar de algo serio.
No sé decir que a esta situación me niego.
Y antes que se me condene de revolucionaria,
vuelvo con mi infantil poesía,
que no es más que imaginaria,
que no es más que chapucera.
ORC.
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Lita Cabellut. |