XVIII
Abrí los ojos
lentamente y ahí estaba él mirándome. Adam emocionado me
contemplaba.
- ¿Cómo estás Vanesa? - dijo sonriendo Leire – Te dije que tuvieras cuidado. Tendrás que estar aquí por unos días.
No respondí porque
apenas podía hacerlo y me sumergí de nuevo en un sueño.
…
La dejé durmiendo
en las manos de Leire. Sabía que la cuidaría mejor que nadie en
esta base. Debía recuperar el cofre... ¿Dónde estaría? No me
fiaba de Mila así que quería investigar en su despacho pero siempre
me seguía su perro guardián. Pero enseguida se me ocurrió algo.
Tenía que ir a ver a Iván. Algo me dijo que podría confiar en él.
Lo usaría y luego fuera.
Llegué a la sala de
armas de Iván y, aunque mi sospechoso seguidor no se veía porqué
me seguía totalmente de incógnito, yo sabía que me podría librar
de él. Pregunté si había alguien pero no me contestaba nadie.
Investigué la zona y me percaté de que estaba saliendo de una
habitación hacia el taller donde yo me encontraba. Parecía que
había estado probando algunas armas pues aún mantenía las
orejeras y las gafas de protección que te dan en las salas de tiro.
Antes de que se percatará de mi presencia me acerqué a él con paso
firme y, cuando alzó la mirada... lo besé. Él estaba atónito pero
yo sabía perfectamente lo que hacía. Lo metí de nuevo hacia la
habitación de la que había salido y le quité las orejeras
susurrándole: “Vayamos al baño”. Él no muy convencido al
principio, pero mirándome de arriba a bajo después, asintió. Me
cogió la mano y me llevó al baño y ahí yo cerré la puerta al
entrar, puesto que iba el último.
- Vaya , vaya... - dijo Iván en mi espalda antes de que me girara – no te conozco mucho pero no sabía que te gustarán los hombres.
Cuando me giré lo
tenía cerquísima mio. No me hacia gracia hacer esas tonterías. ¡Yo
que soy tan hombre! Pero lo primero es lo primero. Me sonrió y dijo:
“Vanesa, ¿no?¿Qué ocurre? ¿Por qué te seguía ese mono de
Mila?”
- Eres astuto. ¿Cómo viste a ese hombre?
- No se me escapa nada que entre en mis dominios... nada.
- Bueno... vayamos a lo importante – me acerqué más a él para susurrarle -. No me fio de que nos oiga desde fuera... Necesito tu ayuda. Creo que Mila tiene una caja que me pertenece y es muy importante. Vanesa y yo no somos como vosotros. Somos personas vivas.
- ¡¿Qué?! - dijo sorprendido Iván – Eso es imposible. Me tomas el pelo. Es imposible estar muerto y no estarlo. Todos nosotros somos muertos... Aunque antes no teníamos ni forma humana.
- Nos estamos entreteniendo Iván... Vayamos al grano. Estoy vigilado por un hombre que parece un gorila de discoteca así que tú buscarás mi caja y te lo explicaré todo bien para compensarte.
- Me parece bien pero... - puso su mano en mi culo y yo le mire de forma amenazadora – Deberemos hacer como que somos amantes. Recuerda tu magnífica idea del beso.
Asentí, no había
otro remedio, le expliqué como era mi caja y le di un empujón para
salir por la puerta. Él hizo como si se recolocara la ropa mientras
sonreía y yo salí rápidamente, vergonzoso y asqueado por haber
besado a otro hombre. Entonces, decidí buscar a Ángel.
Tras recorrer la
base durante una media hora lo encontré en el salón principal,
sentado en una silla mirando hacia el infinito. Me quedé mirándolo
y le hice un movimiento con la cabeza para que se levantara. De pie
como estaba y acercándome a él le dije: “No te arrimes más a
ella. Ella no es como tú. Además... me pertenece. ¿Qué conoces tú
de ella? Nada. Yo lo sé todo. Así que fuera de mi vista. Ya has
visto que empieza a recordarme y eso solo significa que acabara
dejándote de lado. Ella sabe que me quiere”. Él no se inmuto
tras mis palabras y solo miró al infinito como lo había hecho
anteriormente. Quizás ha comprendido su papel en este juego de
amores y la verdad que mejor ahora que cuando se tenga que despedir
de Vanesa para siempre. Este no es nuestro lugar y aún nos queda
mucho para que lo sea. Aún recuerdo aquel día en que esa dulce niña
me miraba y decía que bajaríamos los dos juntos aquí. Ella aún me
quería.
Llegué a mi
habitación cogí mi Stechkin APS y me dispuse a limpiarla. Entonces
recordé...

Recuerdo que
estaba perdido y fui con un compañero hacia la primera sala. Allí
ante la crítica mirada de una mujer con gafas, el pelo recogido en
un moño mal hecho y con cara de bruja, esperé mi tarea. La mujer me
dijo que me tocaba en la sala de las capsulas hacia el inframundo. Y
hacia allí fui.
Quiero saber máááááááaáááás!!!!!
ResponderEliminarY ese mini-rollito gay me ha molado ;)
me has dejado con la intriga pero en general me esta gustando mucho la historia espero que siga habiendo mas partes
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